Literature vs Traffic. Ann Arbor, 2018 / Literatura vs Tráfico. Ann Arbor (Michigan) 2018

Last October, we went to Ann Arbor, invited by  the University of Michigan Institute for the Humanities thanks to its curator, Amanda Krugliak, to carry out one of our most famous pieces, Literature vs Traffic, which we had previously installed in TorontoMelbourne,  Madrid, and New York.

We found this invitation appropriate for two reasons. First, Detroit, Michigan’s most important city, was the capital city of the automotive industry in the US. Although today it is immersed in a deep crisis, its largeness and its lack of public transportation banish pedestrian life from its landscapes. Its citizens are forced to use their cars lest they become outcasts with no chance to work outside their neighborhoods.

Second, Ann Arbor (a peaceful college town but with quite some traffic) describes itself as a book lover,   and this feeling is everywhere and is the reason why this piece was carried out so successfully, well beyond our own expectations, despite the logistic challenges usually faced during its installation.

We wanted to send the same message as 6 years ago, which has unfortunately not gone obsolete, “We want literature to take over the streets and to become the conqueror of all public places, offering passersby a traffic-free area that will, for a few hours, surrender to the humble might of the written word.

Thus, a place in the city usually dedicated to speed, pollution, and noise, shall turn, for one night, into a place of peace, quiet, and coexistence, lighted by the soft dim light issued from the book pages.

The books will be available for those who want to take them, so the installation will recycle itself and will last as long as its users decide to make it disappear.

Cars will eventually re-claim their place. However, those who walked by this place that night will hold the memory of how once books took over it, so they will have a better relationship with it.”

In order to get used books, the university organized a book collection from local book stores and people until we got the 10,000 books we needed. We actually got many more.

The piece’s location was in itself an organizational feat, as the corner of State Street and Liberty Street forms the town’s main artery and it was closed to traffic for 24 hours. The world did not collapse though.

In addition, we counted on 90 volunteers who worked with us during the entire process, starting with the collection and selection of books in the months prior to our arrival. The work intensified during the 10 days we worked together preparing and lighting the books, to finally lay them on the street the day of the exhibition. We spent so much time together, that we became a big family united by light and our love of literature.

On October 23, we laid 11,000 lighted books on the street, taking over a long stretch of paved street turned, for a few hours, into a river of white waves formed by the book pages stirred by the wind.

At nightfall, visitors were able to access the interior of the piece and were invited to enjoy the books and to take those they found more interesting.

In less than 2 hours, all the lighted books disappeared in large lighted heaps, carried away by excited visitors who filled bars and restaurants with armfuls of books. This was also a magical occurrence.

The street was totally clean and empty by midnight. We were quite pleased because everything was recycled at a stunning speed.

All this was made possible by the University of Michigan and their sponsorship; by Amanda Krugliak, who invited us and did all the complicated paperwork for us in the best of moods and with utmost professionalism; by Lucy and Adam, who stayed with us all the time and helped us with utmost dedication, making volunteers feel totally comfortable.

We would like to thank all those local people, businesses and institutions that donated their books, and our dear volunteers who happily accepted our invitation to work with the books.

We would really like to offer everyone our deepest gratitude. It has truly been an unforgettable experience knowing you all and living in such a literary, humane, friendly town.

Thanks to Melisa Hernández and John Eikost for their excellent pictures.

A special mention to our wonderful workplace, the old building of the museum of natural history, Ruthven Museum, now being re-located, whose mysterious rooms we invaded with our books became the subject of priceless pictures.

Time of installation: 10 days.
Damages: none.
Exhibition time: 12 hours
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El pasado octubre estuvimos en Ann Arbor, invitados por el Departamento de Humanidades de la  Universidad de Michigan a través de su curadora Amanda Krugliak, para llevar a cabo una de nuestras piezas mas populares Literatura vs Tráfico, que previamente  habíamos instalado en Toronto, Melbourne,  Madrid y New York.

Esta invitación nos pareció de lo mas apropiada por dos razones, la primera: Detroit, principal ciudad del estado de Michigan, fue la capital de la industria automovilística de EEUU y aunque hoy día está sumida en una profunda en crisis, sus grandes dimensiones y la falta de transporte público hacen que la figura del peatón prácticamente no exista. Los ciudadanos se ven obligados a usar el coche en todos sus desplazamientos si no quieren convertirse en marginados sociales sin posibilidades de salir de sus barrios para trabajar.

La segunda: Ann Arbor, (apacible ciudad universitaria pero con bastante tráfico), se describe a sí misma como amante de los libros  y este sentimiento que se respira en todas partes, es el que ha conseguido que la pieza se haya  llevado a cabo con éxito absoluto, superando con creces todas nuestras expectativas, a pesar de los problemas de logística que suele conllevar ponerla en marcha.

El mensaje que queríamos transmitir sigue siendo el mismo de hace 6 años, tristemente no ha quedado aun obsoleto; “Queremos que la literatura se apodere de las calles y se convierta en conquistadora del espacio público, ofreciendo gratuitamente a los que pasean, un lugar libre de tráfico, que por unas horas, sucumbirá al modesto poder de la palabra escrita.

Así, un espacio urbano reservado convencionalmente a la velocidad, la contaminación y el ruido, se convertirá por una noche en un lugar para la tranquilidad, el relax y la convivencia. Iluminado por una suave luz difusa de las páginas iluminadas.

Los libros, quedarán a disposición del que se los quiera llevar, con lo que la instalación se autoreciclará y tendrá la duración que los usuarios quieran que tarde en desaparecer.

Al final, los coches volverán a ocupar su sitio, pero para muchos de los que pasaron por allí esa noche, el recuerdo de que una vez los libros ocuparon este mismo espacio, hará que su relación con este entorno mejore”.

Para conseguir libros usados la propia universidad hizo la convocatoria, pidiendo a librerías y particulares  de la localidad que nos donaran los que ya no necesitaban, hasta conseguir las 10.000 unidades que nosotros habíamos propuesto. Sorprendentemente, conseguimos muchos mas,

La localización de la pieza fue otra gran proeza de gestión,  calle State esquina con Liberty, la arteria principal de la ciudad que se cortó al trafico durante 24 horas sin que el mundo colapsara.

Además, contamos con mas de 90 voluntarios que nos acompañaron durante todo el proceso, comenzando con la recopilación y selección de los libros los meses previos a nuestra llegada, y que se intensificó durante los 10 días trabajamos juntos en el acondicionamiento e iluminación de los libros, para  culminar el día de exhibición en el que hubo que colocar todo en la calle. Tanto tiempo pasamos juntos que acabamos siendo una gran familia unidos por la luz y el amor a la literatura.

El día 23 de octubre instalamos 11.000 libros iluminados en la calle, ocupando un largo tramo de asfalto que por unas horas se convirtió en un río de olas blancas formado por las hojas de los libros movidas por el viento.

Cuando se hizo completamente de noche, todos los visitantes pudieron acceder al interior de la pieza y se les invitó a disfrutar de los libros y llevarse los que mas interesantes les parecieran.

En menos de 2 horas, absolutamente todos los libros iluminados desaparecieron en grandes pilas iluminadas, transportados por los emocionados visitantes que cargando con  ellos invadieron los bares y restaurantes de los alrededores, y que también fue un mágico suceso.

A media noche la calle estaba completamente vacía y limpia, y nosotros tan  satisfechos porque el objetivo de reciclaje total se consiguió a una velocidad pasmosa.

Todo esto no hubiera sido posible sin la Universidad de Michigan que nos patrocino, sin Amanda Krugliak que fue quién nos invitó y allanó con el mejor sentido del humor y profesionalidad tantas  burocracias que parecían insalvables. Sin Lucy y Adam que no se separaron de nosotros ayudándonos con la mayor dedicación y consiguiendo que los voluntarios se sintieran como en casa.

Por supuesto tenemos que mencionar a todas las personas, negocios particulares e instituciones, que nos donaron sus libros y a los queridos voluntarios que acudieron encantados a la invitación de trabajar con libros.

A todos queremos darles nuestro mas profundo agradecimiento, verdaderamente ha sido una inolvidable experiencia conocerles a todos y poder vivir en una ciudad tan literata, humana y acogedora.

Gracias a Melisa Hernández y a John Eikost por el estupendo reportaje fotográfico.

Un recuerdo muy especial para nuestro maravilloso lugar de trabajo, el antiguo edificio que albergaba el museo de historia natural, Ruthven Museum  en traslado, cuyas misteriosas habitaciones invadimos con nuestros libros proporcionaron un reportaje fotográfico inestimable.

iempo de montaje e instalación: 10 días
Daños ocasionados: 0.
Permanencia de la intervención: 12 horas.

 

 

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